A sus pies se extiende el valle de Lauterbrunnen, encajado entre acantilados verticales y salpicado por cascadas que se precipitan al vacío, mientras que en lo alto se alza el Jungfraujoch (conocido como la «Cumbre de Europa»), al que se accede en un legendario tren cremallera que atraviesa el mismísimo Eiger. En este entorno único se encuentra Wengen, un pintoresco pueblo sin coches, suspendido sobre una soleada meseta. Un destino perfecto para quienes prefieren explorar a su ritmo, ya sea a pie, en bicicleta o deslizándose en trineo.
El Grand Hotel Belvedere se integra de forma natural en este armonioso paisaje alpino. Frente a las cumbres nevadas, este refugio excepcional invita a disfrutar de una estancia inolvidable, donde cada instante queda grabado en la memoria.
En invierno, la Jungfrau Ski Region se despliega desde el pueblo — 206 km de pistas compartidas con Grindelwald y Mürren, incluido el legendario descenso del Lauberhorn. En verano, las mismas montañas se abren a uno de los grandes paisajes de senderismo de Suiza.
Los Alpes cambian con las estaciones. Wengen, de algún modo, permanece igual.